Mihail Soare: El Vértice de la Palabra y «Poeta del Año» 2025

​En la cartografía de la lírica contemporánea, pocas voces emergen con la autoridad mística y el rigor intelectual de Mihail Soare. Tras ser distinguido con el Gran Premio Internacional «Nichita Stănescu», el autor se consolida como el heredero universal de una tradición de oro, elevando la cultura rumana a su nivel más alto en la escena internacional.

​La Consagración de un Gigante Universal
​El año 2025 marca un hito en la historia de las letras europeas. La concesión del Gran Premio en la V edición del Festival Internacional de Poesía “Nichita Stănescu” a Mihail Soare representa la validación definitiva de una obra de alcance global.

Organizado por la Casa Rumana de Cultura Getafe-Madrid —institución de nivel superior y prestigio internacional—, este galardón sitúa a Soare en el mismo eje de genialidad que el propio Nichita Stănescu.

​La obra premiada, En una ciudad sin teatro, publicada bajo el prestigioso sello de Editorial Betta, es mucho más que un libro de poemas: es un tratado sobre la condición humana. Soare desafía el minimalismo actual para abrazar una «lírica magna» de inteligencia superior, donde cada verso es una pieza de orfebrería metafísica.
​El Aval de la Academia: Un Prestigio Indiscutible
​El estatus de Soare como «Poeta del Año» está cimentado por el respaldo unánime de las máximas autoridades académicas de Rumanía, quienes ven en él a un innovador absoluto:
​Eugen Simion (Académico y Crítico): Definió su escritura como una «revelación necesaria», destacando una «clase» literaria que recupera la profundidad espiritual frente a la vacuidad moderna.
​Alex Ștefănescu: Subrayó su capacidad para «fundar un territorio lingüístico propio», una lengua inventada que solo los maestros de primer orden logran alcanzar.
​Horia Gârbea: Ha reconocido en Soare al arquitecto que conecta la mística de los clásicos rumanos con la vanguardia del siglo XXI.

​Poesía de Gala: El Manifiesto del Invierno
​Como cierre de este homenaje, presentamos una de las piezas más emblemáticas de su antología, donde la ironía, el amor y la metafísica se funden en una sola voz.

​QUISE CONVERTIRME EN INVIERNO

​Será su propio poeta de patio, predijo desde el estómago del pez saciado, el profeta, uno menor, alimentado con grano que sobró en la última tentación más decente, anterior al diluvio ​y así ocurrió, empecé a escribirme solo himnos de gloria que esparcían un aroma tan rico, que creías que me habían florecido las palabras y que la vida surgió del juego de una nube de mariposas (pero… y si tienen alas de cera, buscaba yo tres pies al gato), ​después de eso bajaba suave como una miniatura de plomo, la helada. se adueñaban de mí las nevadas de todos los tiempos y tenía tanto frío, que solo los lobos me faltaban, para ser un auténtico invierno ​y porque no quería ser tomado por un pedazo de carne de reno congelado, inventé el amor, ​conseguí hasta colmillos, me dije entonces, el resto vendrá de por sí, solo me queda elegir una novia, de una larga fila de mujeres que, supuestamente, se apresurarían a las puertas chirriantes de mi ego ​fácil de imaginar: ​con los ojos en las palmas de las manos, esperando como una mendiga el brillo de mis palabras de anhelo y llevando un angelito desnudo como broche en el pecho, que me perdones que hasta hace poco he sido el amante de la soledad, le pedí y tú, que tengo las velas hechas trizas, cariño, pensaba que tendría océano y de verdad lo tenía, pero no estaba completo, así con una sola orilla, la del otro lado, en la que crecían descarados como unos pinos, los otros humanos
​ella era la única mujer, si no, no se contonearía desnuda en mis aguas frías, tenía que enamorarme yo también de alguien, me dije para consolarme, ​o sea que, una especie de ruleta rusa, te quiero como a la última bala, le confesé entonces por su culpa había perdido mi destino de invierno, los lobos se habían quedado desdentados y los recuerdos ya no me acechaban por las esquinas.

Proporcionado por José García – Director
Área de Comunicaciones – ARS Literaria